ORIGEN E HISTORIA DEL ARENYS DE MAR

El Colegio Arenys de Mar, abrió sus puertas el 26 de febrero de 1990, en el marco de la celebración del Bicentenario de la Muerte de Madre Paula Montal. Para ese momento, las Madres Escolapias, desde la Viceprovincia de Colombia Puerto Rico, pretendían desarrollar la Misión formadora en comunidades vulneradas del municipio de Medellín, y comenzó esta labor en Santo Domingo Savio, con una comunidad de escasos recursos y con necesidades de escuela humanizante. Sin embargo, la Divina Providencia tenía otra propuesta y es allí donde se gestan los principios del Arenys...

Desde el Calasanz Femenino llegó un puñado de estudiantes al Barrio Blanquizal, con el ánimo de prestar la ayuda y desarrollar su trabajo como Vigías de la Salud. Lo que parecía el simple cumplimiento de una obligación se convirtió en una Gran Misión. Las estudiantes se enamoraron de esta población y se motivaron con tantos niños sin escuela, tan cerca y tan lejos de la comunidad Escolapia de Medellín, un lugar entre todos y sin nada, un lugar que requería de la presencia de maestros, de catequistas, de mucho cariño y confianza para crear nuevas y mejores expectativas de vida. Llegaron empeñadas en hacer de este sitio su lugar de misión y con la ayuda de las Madres Ángeles Cobo González, Superiora, Madre Josefina Martín Imaz, Gestora de la obra y Madre María Victoria Rodas Betancur, impulsora de proyectos y programas; en el lugar se hizo posible este Sueño Montaliano y nació el Colegio donde “se hacen Milagros”.

En dos casitas de bahareque, pequeñas y sin servicios públicos nació el Colegio Arenys de Mar, de la mano de cuatro Madres Escolapias y como una obra social, acompañada y apadrinada por el Colegio Calasanz Femenino; inicia la organización de terrenos y la construcción de una linda escuela para niños y niñas en edad escolar. Se inició con sesenta y cuatro niños entre los seis y los diez años.

Al lado de las Madres Delsa Edith Solís Rangel, y Sor Blanca Mejía Lancheros, profesores comprometidos, trabajaron en la construcción del plantel, los padres de familia, lo mismo que los niños y niñas, quienes ayudaban en las famosas “jornadas del adobe y de la piedra”, donde los menores aportaban para la construcción de su escuela.

Así fue como el 26 de febrero de 1990, se abrieron las puertas de Arenys de Mar, un bello colegio, con una gran Misión: “Formar Integralmente a la niñez, la juventud, la mujer y la familia, desde la Piedad y las Letras, fundamentando su vida en sólidos principios filosóficos, cristianos y de compromiso en la transformación social; teniendo como centro de nuestro proyecto educativo LA PERSONA; como fundamentación de la verdad, EL EVANGELIO Y LA CIENCIA y como método, la claridad en los ideales y el acompañamiento y la paciencia en el camino”.

LA VIDA DEL ARENYS

Desde su fundación se empezaron a observar los cambios en la comunidad barrial que con beneplácito recibió a las Escolapias y las acogió en su seno, sintiéndose apoyados y acompañados por ellas.

Las experiencias de vida de los habitantes del lugar, estaban marcadas por el dolor. Muchas familias eran víctimas del desplazamiento forzado, otras estaban incompletas a causa de la violencia y muchas madres solas veían crecer sus hijos en medio de las necesidades. No había carretera para llegar al lugar y tampoco el Estado hacía presencia en la zona. No había escuela y para llegar a la que estaba más cerca los menores debían caminar hora y media de ida y lo mismo al regreso; por lo que mejor los padres los dejaban en casa; el Centro de Salud más cercano estaba en San Cristóbal y para llegar allí se requería atravesar una montaña que de este sector los separaba; si estábamos en un barrio de Medellín, pero en un barrio con muy difícil acceso aun para las autoridades. Por eso contar con una escuela seria, organizada y comprometida era una ilusión. Las Escolapias llegaban a cubrir una de las necesidades más sentidas de esta olvidada comunidad y en poco tiempo, el colegio se convirtió en centro de estudios, refugio, lugar de consuelo, rinconcito donde las penas encontraban consuelo.

Las maestras y maestros también comprometidos con el carisma escolapio, apoyaron a niños, niñas y familias para juntos construir un tejido social, más digno, más fuerte, más humano.

En pocos años se vio la influencia del plantel y de la comunidad religiosa, se inició la carretera gracias a todos los trámites que se emprendieron y en compañía de líderes comunales entregados a su labor, se pudo contar con carretera y ruta de buses y con ellos entró otra expectativa para las gentes del lugar.

La panorámica del barrio fue cambiando, de ranchos de madera y de lata, se pasó poco a poco a pequeñas casitas de adobe y teja de eternit o de zinc; que se fueron transformando en techos de teja o losas de concreto que esperaban nuevos pisos encima.

Para el año 1993 ya se notaba el cambio, pero sobrevenía la violencia. La que no dio tregua por los próximos diez años.

Al lado de las Madres Delsa Edith Solís Rangel, y Sor Blanca Mejía Lancheros, profesores comprometidos, trabajaron en la construcción del plantel, los padres de familia, lo mismo que los niños y niñas, quienes ayudaban en las famosas “jornadas del adobe y de la piedra”, donde los menores aportaban para la construcción de su escuela.

Así fue como el 26 de febrero de 1990, se abrieron las puertas de Arenys de Mar, un bello colegio, con una gran Misión: “Formar Integralmente a la niñez, la juventud, la mujer y la familia, desde la Piedad y las Letras, fundamentando su vida en sólidos principios filosóficos, cristianos y de compromiso en la transformación social; teniendo como centro de nuestro proyecto educativo LA PERSONA; como fundamentación de la verdad, EL EVANGELIO Y LA CIENCIA y como método, la claridad en los ideales y el acompañamiento y la paciencia en el camino”.

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